Por Patricia Adrianzén
Todo escritor y editor trabaja y ama la palabra. Voy a hacer referencia a dos escritores premios Nobel. En primer lugar el poeta chileno Pablo Neruda escribe un texto muy hermoso para resaltar la belleza de la palabra y su amor por ellas del cual solo he extraído un breve fragmento:
“Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema…”
El escritor portugués José Saramago hace una descripción clara y precisa de lo que pueden significar las palabras y el efecto de las mismas en las vidas de las personas, él dice de las palabras:
“Como todo, las palabras tienen sus qués, sus cómos, sus porqués. Algunas, solemnes, nos interpretan con aire pomposo, dándose importancia, como si estuviesen destinadas a grandes cosas y, ya se verá más tarde, no son más que una brisa leve que no conseguirá mover un aspa de molino, otras, de las más comunes, de las habituales, de las de todos los días acabarán teniendo consecuencias que nadie se atreverá a pronosticar, no habían nacido para eso y, sin embargo, sacudieron el mundo”.[i][1]
Como bien describe en este párrafo extraído de su última novela, José Saramago postula que las palabras tienen un gran poder. Como escritora, no solamente creo en la belleza de las palabras sino en el poder que éstas tienen para comunicar y producir impresiones profundas en el ser humano. Saramago va más allá y afirma que las palabras pueden “sacudir el mundo”. Quien escribe es consciente que su propuesta evocará una respuesta en el lector.
La literatura cristiana es una poderosa herramienta para tocar y transformar vidas. Al hacerlo, es fundamental anclarse en los principios bíblicos que nos ofrecen guía y profundidad. En particular, el Salmo 19:7-10 proporciona una rica base para entender cómo la Palabra de Dios actúa en el alma humana.
1. La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma: vs 7 a
Ningún escritor ni escrito tiene el poder de convertir el alma, sólo Dios y su palabra. Pero como escritores cristianos somos los instrumentos para acercar a las personas a ella y experimentar esta experiencia.
La palabra «perfecta» en hebreo significa completo, perfecto, ideal, maravilloso, excelente, íntegro. Esto sugiere que la Escritura tiene el poder de transformar completamente el ser interior. Cuando escribimos aspiramos a presentar la verdad de la ley de Dios íntegra y holística. Esto implica no solo un entendimiento intelectual, sino una conexión emocional que inspire a los lectores a un cambio profundo. ¡El mismo cambio que nosotros experimentamos! Si por la gracia de Dios logramos esta conexión emocional del lector con Dios a través de nuestra escritura tendremos un efecto perdurable.
2. El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo: Sal 19:7b
La palabra «fiel» en hebreo “emet” denota verdad y confiabilidad. Como dice el Salmo 36:5-6: “Jehová, hasta los cielos llega tu misericordia; tu fidelidad alcanza hasta las nubes. Tu justicia es como las montañas de Dios; tus juicios, las grandes profundidades.”
Nuestra literatura debe ser auténtica y genuina porque refleja la veracidad del testimonio divino.
Revelamos a un Dios con atributos divinos maravillosos que interviene en la vida del ser humano.
Al narrar historias de fe, duda, lucha y redención, podemos ayudar a los lectores, incluso a los más sencillos, a adquirir una sabiduría que trascienda el conocimiento mundano. Es crucial que nuestras obras resalten la fidelidad de Dios, permitiendo que el lector vea su propia historia reflejada en la grandeza de Su verdad. Y adquiera esa sabiduría que viene de su conocimiento. Queremos contribuir a que el lector crezca en una sabiduría práctica para la vida.
¿Alguna vez alguno de tus lectores quedó sorprendido y te preguntó realmente todo lo que escribes está o nace de la Biblia?
¿O tal vez algunos de tus lectores te dijo lo que escribiste me reveló una verdad de Dios que quedó grabada en mi corazón?
3. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón: 8 a
La palabra «rectos» en hebreo es “yāšār”, que implica rectitud y equidad. Cuando escribimos, nuestras palabras deben ser guiadas por la justicia y la verdad. La literatura cristiana puede ofrecer alegría al corazón, al proporcionar una visión de un mundo que, aunque imperfecto, se sostiene bajo la soberanía de un Dios justo y recto.
Al relatar historias que muestren la luz en medio de la oscuridad, invitamos a los lectores a experimentar esa alegría profunda que proviene de vivir en conformidad con los mandamientos divinos. La alegría de vivir en rectitud causa un efecto perdurable.
Por eso hay lectores que vuelven una y otra vez al mismo libro que les fue de bendición.
Quieren volver a asirse de esa felicidad que les causó descubrir la rectitud para sus vidas. Dónde encontraron las respuestas que buscaban y el gozo.
4. El precepto de Jehová es limpio, que alumbra los ojos: vs 8 b
La palabra «limpio» en hebreo implica pureza y claridad. Nuestras narrativas deben ser puras, ofreciendo claridad en un mundo lleno de confusión. Al hacer esto, no solo iluminamos la mente del lector, sino que también les damos una nueva perspectiva. La luz que emana de la Escritura guía a las personas en su camino, ayudándoles a ver el mundo a través de los ojos de Dios.
Somos una contracultura. Como dice Fil 2:15 que somos como La Biblia nos exhorta a ser “luminares en medio de una generación corrupta” y debemos resplandecer para un efecto perdurable. Alumbra con tu literatura, quita la ceguera en un mundo que avanza cada día más hacia la oscuridad. Hay que contrarrestar el efecto de las filosofías antibíblicas que se crecen exponencialmente. Recordando siempre que “la luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella” (Jn 1:5)
5. El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre: vs 9 a
El «temor» en hebreo se traduce como reverencia o asombro. “Conciencia de quien es Dios” Es importante transmitir esta reverencia en nuestras obras, mostrando la majestad de Dios y el respeto que Él merece. Este temor no debe ser opresivo, sino un llamado a una relación más profunda. La permanencia de este temor en la literatura puede generar un anhelo duradero en los corazones de los lectores de una relación profunda con Dios.
El texto dice que este temor es perdurable, que permanece para siempre”.
La literatura cristiana propicia comunión con un Dios a quien le tenemos reverencia. No hay nada más hermoso que contribuir a ese encuentro reverente de nuestros lectores con Dios.
6. Los juicios de Jehová son verdad, todos justos: vs 9 b
La «verdad», la justicia y los juicios de Dios son todos justos. Al incorporar temas de justicia y rectitud en nuestras historias, reflejamos el carácter de Dios. Esto puede llevar a los lectores a una reflexión crítica sobre sus propias vidas y sobre cómo pueden vivir de acuerdo con los juicios de Dios, buscando la justicia en un mundo muchas veces injusto.
El tema de la verdad y la justicia es crucial en una sociedad y generación como la que vivimos. Es la oportunidad de escribir contextualizando el evangelio a nuestra realidad y mostrar a un Dios que siempre se preocupó por la verdad y la justicia.
Existen preguntas teológicas trascendentales como: ¿Es Dios justo? Si Dios es justo ¿por qué permite la injusticia? ¿Qué dice el Antiguo Testamento y Nuevo Testamento sobre la justicia de Dios? ¿Sobre el sufrimiento del ser humano, etc?
7. Deseables más que el oro y más que oro afinado, y dulces más que miel y que la que destila del panal: vs 10
La palabra «deseables» en hebreo sugiere anhelo y deseo intenso. La palabra de Dios recibida por la fe es más preciosa que el oro. Cuando escribimos, debemos hacerlo con la convicción de que el mensaje de Dios es más valioso que cualquier tesoro terrenal.
También, «dulces» en hebreo implica placer y satisfacción. Nada es más dulce que la palabra de Dios. Es dulce para el alma más dulce que la miel.
El anhelo de todo escritor es a la vez deleitar al lector con su escritura.
¡Qué hermoso es cuando nuestras palabras llegan a ser como la miel, atrayentes y satisfactorias, llevando a los lectores a un lugar de deleite en la Palabra de Dios! Y contribuimos a causar en ellos un efecto perdurable.
Conclusión
La literatura cristiana tiene el potencial de impactar vidas de manera profunda y duradera. Hay belleza en las palabras como dice Neruda y poder en las palabras como dice Saramago “sacuden al mundo”. Pero la convicción y el llamado de un escritor cristiano va más allá que encontrar una satisfacción personal en trabajar con la palabra (que de todas maneras se da porque las amamos y son nuestra materia prima, pero teniendo conciencia de a quien servimos y glorificamos).
Al basar nuestras obras en los principios que se encuentran en el Salmo 19:7-14, podemos escribir con autenticidad, claridad, y una profunda reverencia a Dios. Al hacerlo, nuestras palabras no solo informarán, sino que transformarán, dejando una huella perdurable. en los corazones de quienes las lean.
La clave es siempre apuntar a la gloria de Dios y a Su verdad, invitando a los lectores a una relación más profunda con Él.
[1] José Saramago . Caín pg 38.
